MEMORIA EXTRA.
Hace rato leía un
texto cuya descripción me costaría varias conexiones neuronales, basta decir
que en su contenido incluía varias frases de aquellas que se pueden pegar en el
refri, en la frente o donde sea posible repetirlas quizá entenderlas; el nombre
del autor es de los que no puedo pronunciar correctamente, pues cuando lo
intento me autocorrijo hasta el cansancio para no escucharme ridícula y falta
de cultura lingüística. Ocurre con mucha más frecuencia de la que creo que en
el arrobamiento ante una pieza musical, un cuadro o un texto se me va una
generosa parte de la memoria y olvido o es más, ni siquiera advierto de quien
es lo que estoy amando. Sí, dije amando. Yo creo que cuando uno ve, lee,
escucha o siente algo y aquello se mete ahí donde vaga nuestra conciencia y
demás chunches interiores, amamos y luego succionamos la sustancia que compone
el objeto de nuestro embelesamiento.
Aquí el tema es la
falta de memoria y mi precaria pronunciación cuando de nombres de afamados
escritores, pintores y músicos se trata. Sé que ya no estoy en edad de pedirle
nada a nadie sin que ello implique el pago moral, físico o monetario de lo que
quiero, pero si lo anterior pudiese omitirse, me gustaría que alguien me
regalara una memoria extra, entiéndase que me la regalará realmente sin esperar
nada a cambio. No me refiero a una USB, esas chunches producidas en cantidades
enormes, de las que pronostico dentro de poco tiempo su reutilización como
material de construcción para casas de países tercermundistas, tal y como
sucede con las botellas de plástico y vidrio. No; yo quiero más espacio en mi
memoria para almacenar nombres de calles, de personas que me caen bien pero de
las que sólo recuerdo su signo zodiacal (no se enfaden, no es mi culpa que vea
en la frente de cada persona su pasado y su destino) de libros, películas,
palabras que me encantan pero que sólo recuerdo su trama, obras de arte,
canciones y sus correspondientes letras, y ya no hablemos de lo que esta en
otro idioma porque ahí la cosa se pone color de hormiga.
Sí; definitivamente lo
que necesito es una memoria extra.
Seguramente existirán
quienes me digan que mejor administre bien la memoria que ya tengo, pero antes
de que me digan que existe un manual especial para administrar memorias y este
cuesta $9.90, déjenme decirles que mi actual memoria me gusta tal como está, es
decir, no quiero entrar en ella y doblar recuerdos, compactar sensaciones,
olores e imágenes y mucho menos encajonar los colores y formas. ¡No! No quiero
arreglar nada de eso, me gusta el tiradero de mis recuerdos, los sugestivos,
los coloridos, los mas excéntricos, los nocivos, los colectivos y hasta los que ya ni recuerdo; a esos me
gusta verlos pulular libres aquí dentro, porque están a la mano siempre que
quiero, claro, no me dejan mucho espacio pero ¿a poco no es más rico tomar un
calcetín de un cajón desordenado que de uno en el que todos están ordenados por
color, textura y figurita? El sólo hecho de usar mis recuerdos presupone un
acomodamiento distinto al que tenían como para meterles más mano.
Yo creo que con esa
memoria extra que algún buen amigo me regalará, no sólo saldré victoriosa
frente a los nombres y las cosas y los nombres de las cosas; sino que seré el
az de las fechas, ya no tendré que correr por mi lap top para saber en que año
Porfirio Diaz aprendió a levantar el dedo meñique a la hora del té o cuándo la
Virgen María se hizo su primer papanicolau. También creo que ese extra de
memoria les ahorrará a las personas con las que más convivo la desesperación y
tortura que representa el tener que adivinar la pieza que intento guturalmente
tatarear. Ya no existirán más finales de cuentos sin titulo ni autor y las
películas al fin tendrán protagonista y galardón. Por si fuera poco podré
almacenar aquellos proverbios zen que tanto me gustan y de los que sólo
recuerdo el había una vez.
Seguramente mis
relaciones personales también se verán afectadas positivamente. Podré recordar
los gustos y ambiciones de cada persona, el nombre de sus papás, hijos y
padrinos, su talla, color favorito, marca o modelo predilecto, escudo de armas
y tipo de sangre. ¡Qué maravilla!



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